Galo Conesa, de minero a escultor religioso

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Cada año en la Semana Santa de Cartagena disfrutamos de un trono con esculturas creadas en La Unión por un escultor que encontró su vocación tardíamente y comenzó a esculpir tras dejar la minería.

La cartagenera María José Ayala entrevista a Galo Conesa

“En el trabajo está la clave del éxito”

Galo Conesa aporta al mundo escultórico  un aire fresco, fruto del talento artístico, su gran vocación religiosa y la gran humildad que atesora. Sus innumerables obras desfilan por las calles en distintas procesiones de la Región de Murcia y de Castilla La Mancha. En Cartagena vemos cada año su obra el Domingo de Resurrección.

Este unionense posee un estilo propio, una manera singular de desarrollar e interpretar el difícil arte de la escultura, manteniendo los cánones clásicos de imaginería religiosa. Me recibe en el taller, el sitio perfecto para que se sintiera cómodo y relajado.

El escultor cambió las minas por la gubia y el pincel, de manera literal.  La actividad minera a la que él estaba vinculado, trabajo y fuente de ingresos, cesó y entonces se vio en la necesidad de empezar una nueva vida y probó por lo que “siempre desde muy niño me ha atraído enormemente, la escultura religiosa”. Un arriesgado cambio al que reemplazó con creces.

Sus recuerdos como empresario minero “están aún muy presentes”, aclara. No ha pasado tanto tiempo desde que finalizó la actividad minera. “He dedicado mucho tiempo a la investigación y a las cosas que se pueden hacer todavía en las tierras de Cartagena”, añade Galo.

Me interesa saber cuál es el motivo que le llevó a dedicarse a la escultura a una edad tardía…”No a tan avanzada edad”, interrumpe entre risas. “Empecé a dedicarme a la escultura hace ya diez años, ahora tengo cincuenta”.

Conesa identifica sus inicios con el momento en el que vio a Paco Conesa trabajar (un consagrado pintor unionense) «cogí barro y comencé los fines de semana a realizar pequeñas esculturas, al principio horrendas, pero terminaba una y estaba deseando empezar otra para mejorar lo que había hecho mal”. Además de lo complicado que es este trabajo, confiesa que a semejanza de otros, “tiene un punto de creación que es lo que lo hace verdaderamente interesante”.

Galo Conesa no ha recibido nunca clases de escultura y ante la calificación de autodidacta sonríe y responde que ha aprendido «a base de equivocaciones y de ir mejorando”.

Curiosamente ninguna de sus esculturas procesiona en La Unión y él no sabe explicar el por qué, se limita a responder que «esa pregunta debería contestarla el Hermano Mayor de la Cofradía del Cristo de los Mineros o quizás, los presidentes de las distintas agrupaciones”.

Sin embargo, en Cartagena sí que conocemos sus esculturas. El trono en cuestión es el del sepulcro vacío de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Resucitado y la escultura, la Culminación del Ángel. “Fue una apuesta muy importante y arriesgada, la envergadura de la culminación del Ángel, me gusta” y es una cosa rara ya que asegura que no suele quedar satisfecho, «cuando entregas la obra, pienso que debería haber mejorado cosas. Todo artista debe exigirse al máximo”, afirma con rotundidad.

Conesa pasa unas catorce horas al día en su estudio pero asegura que le queda tiempo para la familia y las pocas aficiones que tiene entre las que destacan los toros por los que «desde muy niño, al igual que la escultura, he sentido una gran afición”.

Entrevista realizada por María José Ayala Expósito

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